Hola, ¿hay alguien al otro lado?


El buen desempeño de nuestras profesiones “comunicacionales” suele implicar un reto a diario. Algunas se han visto más «atacadas» que otras por el vertiginoso avance de los medios de comunicación y la tecnología que tanto los ha transformado. En este escenario, tener el don de la palabra, la facilidad de hacernos entender y atraer la atención de los demás hacia nuestro discurso, que ha sido siempre una virtud deseable, se ha convertido casi, casi, en un imperativo. En especial, para quienes han de influir a un determinado público y convencerle de algo: la compra de un producto, la contratación de un servicio o el voto a un partido. Hablar y convencer, así se titulaba un viejo manual que encontré en casa de mis padres hace muchos años. (Tenía, por cierto, unas graciosas ilustraciones de lenguaje corporal, un tema muy interesante que abordaremos, sí, en un futuro).

¿Es solo a mí o les pasa a más personas sentir que hay que estar hablándole a un «público», más o menos numeroso, cons-tan-te-men-te? En el trabajo, en las relaciones sociales y, sobre todo, en las redes… contar experiencias, crear historias, tener un «relato» o una «opinión» sobre casi todo está a la orden del día. Y, tímidos o extrovertidos, todos nos lanzamos a exponer y exponernos con mayor o menor gracia, mayor o menor éxito.

Es curioso, me hacía notar una amiga con la que comentábamos este tema que, en la era de las redes, las vídeoconferencias y los zooms/teams, puede darse la paradoja de nos acostumbremos demasiado a hablarles a las pantallas cuando, a lo mejor, no haya nadie al otro lado.

Esperemos que no sea eso lo que nos suceda en el blog de Close. Disfrutad de un buen mes de marzo y nos vemos pronto.