Desconexión consciente


Han pasado las vacaciones de verano y aún no han llegado las de invierno… pero siempre nos quedarán, como Casablanca, los fines de semana. Son aquellos días en los que pretendemos desconectar. ¿Del trabajo? Bueno, siempre y cuando no se sea autónomo o el jefe no nos ponga «deberes» para acabar en casa. ¿De la familia? Harto improbable a no ser que cada miembro viva el fin de semana por su cuenta, pero posible si de lo que se trata es de romper con rutina semanal. ¿De nosotros mismos? ¡Oh! Tal vez esta sea la cuestión, la verdadera clave de un verdadero descanso para una existencia más verdadera: desconectar del runrún de nuestro cerebro que, como una de esas modernas aspiradoras «roomba», parece llevar puesto el automático y a tope todas las revoluciones.

Necesitamos revolucionar, renovar, repensar nuestros hábitos de descanso. Ahí parecen estar de acuerdo los expertos en las mil y una especialidades que se ocupan de nuestra estresada mente. Estresada de forma tonta e inútil porque nos hemos habituado a que todo sea urgente cuando en el 99% de los casos nada es tan importante. Corrección: nada es más importante que nuestro bienestar y salud.

¿Quieres desconectar con una escapada a la montaña, sentarte a la orilla de mar y mirar al infinito, pegar tu nariz a los escaparates de tus tiendas preferidas, volver a ese restaurante molón para una cena especial? Tal vez tienes muy pensado donde te gustaría poner los pies pero, si lo piensas con detenimiento, lo más interesante es dónde pones tu cabeza. Porque, siento decirlo, la mayoría de las veces las preocupaciones nos acompañan y van con nosotros a donde vayamos en una conexión sólida y perpetua.

Así que la próxima vez que decidas dar un masaje a tu espalda o liarte a raquetazos o regalarte ese curso de cocina creativa piensa que de nada te servirá, no te relajará y no te aprovechará si no eres capaz de disfrutar de cada momento de esa actividad; incluso de cuando te preparas para salir de casa, del trayecto hasta del lugar, del proceso de elección. En definitiva, capaz de ser consciente de que, en serio, es tu espacio y tu tiempo. Tampoco es necesario que forcemos la relajación. Basta con escuchar a tu cuerpo, él te contará cosas sobre tus necesidades de desconexión que tal vez te sorprendan.

Y quiero compartir una frase y una sugerencia. La frase: mira, el reconocido autor del libro El poder del ahora, el escritor alemán Eckhart Tolle ha dicho en una ocasión:  «En mi vida he vivido con varios maestros zen, todos ellos gatos». Yo me apuntaría sin dudar a esa academia. Y la sugerencia: ¿y si nos atrevemos incluso a no hacer nada? A solo limitarnos a estar, a sentir el ruido o el silencio, el frío o el calor, el mundo soleado o cubierto de nubes. Esa sensación seria perder el tiempo o desconectar… cada uno lo decide.